Fantasía o realidad

El consumo de drogas, dicen los expertos, obedece a múltiples factores, tanto sociales, psicológicos, biológicos y genéticos, donde las afecciones personales de quien las consume se manifiestan en un deterioro en la calidad de vida; existiendo en esta problemática todo un proceso psicológico que inicia con la negación de esta, con la idea de no ser un adicto, de no aceptar que se tiene una necesidad de consumir determinada sustancia, la cual no puede posponerse y, contrariamente, se vuelve más recurrente y con mayor cantidad. Esta situación se agrava cuando el sujeto pierde el control de la voluntad y, con ello, los impulsos, los cuales lo exponen a realizar acciones que ponen en riesgo su integridad y bienestar, así como de quienes lo rodean; también llegan a presentar conductas ilícitas o antisociales.

Creemos firmemente que el problema de adicciones es un tema relacionado con la salud; tal vez habría que pensarlo como un problema social; es decir, una patología social y la persona dependiente requiere asistencia en ámbitos especializados. Pero también debemos subrayar que la liberación del consumo de las sustancias ilegales no ayudará a disminuir los excesos propios del consumo de las mismas. Desde hace años, circulan discursos que categorizan las adicciones como un problema de los jóvenes, afirmación que se sustenta dado que la adolescencia es la etapa de la vida de mayor vulnerabilidad de una persona, por las propias transformaciones biológicas, psicológicas y sociales que en ella se producen.
 
El eje del problema no son las sustancias, sino qué le pasa a ese joven que no puede encontrar otras formas de elaborar y resolver los conflictos y procesos que está atravesando. Hay que dilucidar para qué le sirve la droga y por qué no puede encontrar otra manera de encarar los obstáculos que se le presentan.

Los padres de púberes y jóvenes a menudo preguntan cómo saber si su hijo "se droga", la respuesta no es sencilla; pero, sin duda, una de las maneras es escuchándolo. Los adolescentes (y no sólo ellos) pueden hablar mejor sobre cualquier tema con quienes "saben" escuchar; cuando se juzga, se aconseja o sermonea en exceso, se critica, se ridiculiza, no se toman en cuenta o se toman a la ligera sus opiniones o existen grandes contradicciones entre lo que se dice y hace, se están colocando obstáculos en el vínculo con los hijos. "Escuchar" no se trata sólo de no interrumpir mientras el otro habla, sino de tratar de comprender lo que nos dice y lo que quiere decirnos.

Son estrategias de prevención: Generar espacios de comunicación donde la expresión de sus opiniones y manifestaciones sean valoradas; evitar comparaciones entre sus resultados y los de los demás; disponer normas y límites claros y coherentes; facilitar la inclusión en actividades que permitan construir vínculos y pertenencias; alentar la inserción en espacios que permitan el despliegue de la creatividad y el desarrollo de capacidades y destrezas, etc.

Está claro que no existen políticas preventivas consensuadas y duraderas, y por ello entendemos que debemos establecer las estrategias y acciones locales, que producirán mayor incidencia en las personas y su entorno; en las políticas de prevención de las adicciones, debemos planificar e incrementar cualitativa y cuantitativamente los programas preventivos que fortalezcan los factores de protección de la comunidad, estableciendo como concepción pensar más en el sujeto y no tanto en el objeto.

Este proceso preventivo debe poner el acento en las dificultades de las personas, que deben convertirse en el eje central para ayudarlas en el abandono de comportamientos adictivos.

 

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